involúcrame y lo aprendo”
Benjamin Franklin (1706-1790)
¿Por qué somos Resonancias?
Somos resonancias porque estamos hechos de todos aquellos
sonidos que alguna vez se reprodujeron en nosotros, y aún hoy lo siguen
haciendo. Somos resonancias porque llevamos con nosotros toda esa música que
alguna vez nos endulzó, nos estremeció, nos enamoró y porque nos sigue sonando
dentro nuestro como un eco que nunca tendrá fin. Somos resonancias porque
suscitamos sonidos que resuenan y vibran dentro nuestro, pero también afuera.
Somos resonancias porque re-tornamos, re-visamos, re-vivimos, re-cordamos,
re-significamos todos esas vibraciones que alguna vez nos marcaron, son parte
nuestra y la contagiamos.
*RESONANCIAS EN LA ENSEÑANZA Y EN EL
APRENDIZAJE*
¿Qué cosas de mi biografía escolar me
“resuenan” hoy en mi formación docente? ¿Cómo aquellas resonancias marcaron mi
trayectoria? ¿Qué de esa sonoridad es parte de mí? ¿Cuántos de los sonidos de
mis profesores hicieron que vibre ayer y lo siguen haciendo aún ahora? ¿Cuáles
de mis sonidos transmigrarán como resonancias en mis futuros alumnos? Preguntas
que hoy resuenan en el desenlace del recorrido, en el Trayecto de Práctica:
Taller de Docencia IV.
Soy aquella niña que cada viernes esperaba ansiosa
ir a buscar en la biblioteca de su escuela a su próximo cómplice silencioso, el
que la iría a acompañar durante las noches hasta quedarse dormida. Soy la adolescente que en los recreos solía ir a visitar
a la señora María Elena, la bibliotecaria, que siempre me deleitaba con sus
sinopsis literarias. Soy la hija que se perdía en cada novela que leía, aislándose
del mundo por un rato, y que por eso muchas veces era reprochada. Soy la adolescente
ya egresada que sueña con esos universos literarios y anhela nunca tener que
dejar de experimentar esas sensaciones y emociones que un día, ya lejano,
descubrió en la literatura. Soy la chica, ya mayor de edad y con una carrera
sin finalizar, a la que se le presenta la posibilidad de iniciar un nuevo
recorrido formativo ligado con los mundos ficcionales que tanto la seducen. Soy
la alumna del Profesorado de Lengua y Literatura que, ante la idea de pensarse
en un aula, se siente invadida por incertidumbres y miedos. Soy la practicante que
experimenta por primera vez la adrenalina de estar frente a un aula con
adolescentes y que sorprendida descubre a un nuevo universo que la hechiza. Soy,
en un futuro cada vez más próximo, la nueva profe de Lengua y Literatura. Soy yo,
siempre soy yo, pero atravesada por cada uno de estos sonidos que me transforman,
me forman, me deforman, me reforman.
![]() |
| EL SIGLO DE LA "CIBERCULTURA" |
Soy en el siglo XXI, en el siglo de la “Cibercultura”.
Soy en un entorno que si bien no es ajeno a mi trayectoria escolar, tampoco es
el mismo. Echeverría lo define como “el tercer entorno”, un espacio
multicultural y plurilingüístico, un espacio que permite actuar a distancia, un
entorno que modifica profundamente las actividades sociales y humanas. Y en
este tercer entorno: ¿Cuáles de mis sonidos seguirán resonando en un aula con
adolescentes “ciberculturales”?, ¿Qué lugar tendrá el libro, ese artefacto que
tanta repercusión tuvo en mí?, ¿Seguirá teniendo lugar?, ¿Cómo se configura en
un espacio real, como lo es el aula, este tercer entorno?, ¿Cómo aprenden estos
nuevos sujetos?, ¿Cómo y qué en-señar en estas aulas?, ¿Qué de este tercer
entorno re-percute, re-suena en los alumnos de la “cibercultura?, y ¿qué en los
docentes?
Soy también todos esos interrogantes. Sin embargo,
también soy certezas. Sé que los grandes cambios siempre nos inmovilizan y nos
asustan, porque irrumpen en un esquema que ya nos era cómodo, seguro y
confiable. Pero también sé que no los podemos ignorar, ¡están! Están ahí, emergentes,
ofreciéndonos un nuevo punto de partida, una posibilidad de re-iniciarnos, de
re-pensarnos, de enriquecernos. Sé que la lectura de un buen libro sigue siendo
capaz de provocar ecos que nunca van a finalizar, porque siempre re-aparecen,
re-suenan, se re-significan. Y también son capaces de transmigrar, de
transmitirse, de contagiarse. Sé que en-señar es mostrar también nuestras resonancias,
mostrarnos a nosotros, humanos finitos, que seguimos aprendiendo de las “señas”
que nos deja el alumno empapado en el tercer entorno. Sé que no es tarea fácil,
pero que “tarda en llegar, y al final, al final hay recompensa en las zonas
de promesas”(Soda Stereo).


