viernes, 2 de junio de 2017

Somos RESONANCIAS

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, 
involúcrame y lo aprendo”
Benjamin Franklin (1706-1790)



¿Por qué somos Resonancias?


      Somos resonancias porque estamos hechos de todos aquellos sonidos que alguna vez se reprodujeron en nosotros, y aún hoy lo siguen haciendo. Somos resonancias porque llevamos con nosotros toda esa música que alguna vez nos endulzó, nos estremeció, nos enamoró y porque nos sigue sonando dentro nuestro como un eco que nunca tendrá fin. Somos resonancias porque suscitamos sonidos que resuenan y vibran dentro nuestro, pero también afuera. Somos resonancias porque re-tornamos, re-visamos, re-vivimos, re-cordamos, re-significamos todos esas vibraciones que alguna vez nos marcaron, son parte nuestra y la contagiamos. 







*RESONANCIAS EN LA ENSEÑANZA Y EN EL APRENDIZAJE*

     ¿Qué cosas de mi biografía escolar me “resuenan” hoy en mi formación docente? ¿Cómo aquellas resonancias marcaron mi trayectoria? ¿Qué de esa sonoridad es parte de mí? ¿Cuántos de los sonidos de mis profesores hicieron que vibre ayer y lo siguen haciendo aún ahora? ¿Cuáles de mis sonidos transmigrarán como resonancias en mis futuros alumnos? Preguntas que hoy resuenan en el desenlace del recorrido, en el Trayecto de Práctica: Taller de Docencia IV.


     Soy aquella niña que cada viernes esperaba ansiosa ir a buscar en la biblioteca de su escuela a su próximo cómplice silencioso, el que la iría a acompañar durante las noches hasta quedarse dormida. Soy  la adolescente que en los recreos solía ir a visitar a la señora María Elena, la bibliotecaria, que siempre me deleitaba con sus sinopsis literarias. Soy la hija que se perdía en cada novela que leía, aislándose del mundo por un rato, y que por eso muchas veces era reprochada. Soy la adolescente ya egresada que sueña con esos universos literarios y anhela nunca tener que dejar de experimentar esas sensaciones y emociones que un día, ya lejano, descubrió en la literatura. Soy la chica, ya mayor de edad y con una carrera sin finalizar, a la que se le presenta la posibilidad de iniciar un nuevo recorrido formativo ligado con los mundos ficcionales que tanto la seducen. Soy la alumna del Profesorado de Lengua y Literatura que, ante la idea de pensarse en un aula, se siente invadida por incertidumbres y miedos. Soy la practicante que experimenta por primera vez la adrenalina de estar frente a un aula con adolescentes y que sorprendida descubre a un nuevo universo que la hechiza. Soy, en un futuro cada vez más próximo, la nueva profe de Lengua y Literatura. Soy yo, siempre soy yo, pero atravesada por cada uno de estos sonidos que me transforman, me forman, me deforman, me reforman. 

EL SIGLO DE LA "CIBERCULTURA"

     Soy en el siglo XXI, en el siglo de la “Cibercultura”. Soy en un entorno que si bien no es ajeno a mi trayectoria escolar, tampoco es el mismo. Echeverría lo define como “el tercer entorno”, un espacio multicultural y plurilingüístico, un espacio que permite actuar a distancia, un entorno que modifica profundamente las actividades sociales y humanas. Y en este tercer entorno: ¿Cuáles de mis sonidos seguirán resonando en un aula con adolescentes “ciberculturales”?, ¿Qué lugar tendrá el libro, ese artefacto que tanta repercusión tuvo en mí?, ¿Seguirá teniendo lugar?, ¿Cómo se configura en un espacio real, como lo es el aula, este tercer entorno?, ¿Cómo aprenden estos nuevos sujetos?, ¿Cómo y qué en-señar en estas aulas?, ¿Qué de este tercer entorno re-percute, re-suena en los alumnos de la “cibercultura?, y ¿qué en los docentes?

     Soy también todos esos interrogantes. Sin embargo, también soy certezas. Sé que los grandes cambios siempre nos inmovilizan y nos asustan, porque irrumpen en un esquema que ya nos era cómodo, seguro y confiable. Pero también sé que no los podemos ignorar, ¡están! Están ahí, emergentes, ofreciéndonos un nuevo punto de partida, una posibilidad de re-iniciarnos, de re-pensarnos, de enriquecernos. Sé que la lectura de un buen libro sigue siendo capaz de provocar ecos que nunca van a finalizar, porque siempre re-aparecen, re-suenan, se re-significan. Y también son capaces de transmigrar, de transmitirse, de contagiarse. Sé que en-señar es mostrar también nuestras resonancias, mostrarnos a nosotros, humanos finitos, que seguimos aprendiendo de las “señas” que nos deja el alumno empapado en el tercer entorno. Sé que no es tarea fácil, pero que “tarda en llegar, y al final, al final hay recompensa en las zonas de promesas”(Soda Stereo).